Los tres momentos de la empresa familiar

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Toda empresa familiar tiene una historia distinta que contar pero atraviesa fundamentalmente por tres momentos en su desarrollo. 

El profesor del PAD – Escuela de Dirección, Juan Carlos Pacheco, explica que las empresas familiares pasan por tres momentos, el primero es el emprendimiento per se, el desarrollo del negocio es el segundo, y el tercer momento se cumple cuando la empresa llega a la madurez.

Para Pacheco en el primer momento, que es cuando se genera la idea de negocio, el elemento clave es sin duda el emprendedor, ya que por lo general es alguien que hace de todo en la empresa: es portero, cajero, gerente general, repartidor y vendedor a la vez.

Y es que según el profesor Pacheco, los pequeños emprendimientos dependen y se sustentan fundamentalmente en dos aspectos que son el conocimiento del negocio del emprendedor – y su capacidad innovadora; y el otro elemento clave es la fuerza que tenga para no declinar en los momentos más difíciles. “No conozco un emprendedor exitoso que no tenga esa virtud, la fortaleza” añade.

La segunda etapa de desarrollo en el emprendimiento es aquella en la que el emprendedor consigue alcanzar una velocidad de crucero, pero se le presenta un problema estratégico en donde, asegura Pacheco, tendrá que decidir si decide quedarse en lo mismo o si amplía su negocio hacia nuevos mercados, nuevos clientes o incluso aventurarse a comprar o fusionarse con otras empresas, comprar franquicias, etc.

Y otra vez el elemento clave será el acierto estratégico. Pacheco afirma que en esta etapa es posible que el emprendedor puede aventurarse en estrategias que tengan muy poca posibilidad de éxito y entonces quebrará. Pacheco asegura que en este momento es importante la visión de negocio del emprendedor como algo fundamental para tener éxito. “Y la virtud que podría acompañar esto es la magnanimidad, pensar en grande y plantearse retos que van más allá de su capacidad”, sentencia.

Aquellas empresas que pasan esta etapa llegan a un tercer momento de crecimiento donde Pacheco asegura que ya no es importante la visión estratégica ni la fortaleza del emprendedor pues los problemas son distintos.

La etapa del avión bimotor

Pacheco señala que cuando un empresario ha tenido éxito en las primeras dos etapas, es como si manejara un avión monomotor donde la clave del éxito es él y sus conocimientos y virtudes; pero cuando ha tenido éxito en esta estrategia surgirá rápidamente un problema distinto y es el paso del monomotor al bimotor, “porque para manejar una embarcación se puede ir con un solo motor hasta cierto límite y luego ya uno tiene que pensar que necesita otro motor para mantener el avión en vuelo”, y esta es la tercera etapa afirma el profesor.

En esta etapa el emprendedor sentirá un agotamiento personal porque ya no es capaz de encargarse de todas las cosas que hace y sentirá una inminente necesidad de generar una estructura pues en opinión de Pacheco, ahora necesita un segundo nivel de propulsión y debe preguntarse ¿con qué gente cuenta y qué tipo de desarrollo ha generado en su gente? ¿qué profesionalización debe conseguir para que esto funcione como un avión bimotor?, y al hacerlo notará que ahora cuenta por un lado con el emprendimiento y la estrategia y por otro lado con la estructura que soporta esta estrategia, donde la estructura son las personas.

Pacheco afirma que en esta etapa las virtudes del directivo son casi contrarias a las del emprendedor, “se necesitan otro tipo de virtudes más elaboradas, se necesita por un lado una visión interna del negocio y un grupo de personas que haga muchas cosas a velocidad alta lo cual requiere una ingeniería estructural, indica el catedrático, es decir organizarse por unidades de negocio, por países, por regiones y esto requiere un conocimiento muy distinto al que tiene un emprendedor, añade.

El que mucho abarca…

Según el profesor Pacheco en esta última etapa que es donde se alcanza la profesionalización, se requiere ver al otro como persona capaz pues lo común es que en este momento el emprendedor sea un empresario exitoso que se cree capaz de hacer todas las cosas y que tiene un séquito de empleados que le fomentan ese narcisismo que a la larga termina hundiendo la empresa.

Entonces, Pacheco indica que es necesaria una virtud fundamental que es la humildad para reconocer que el emprendedor no es el único capaz de llevar adelante la empresa, y que puede haber otra persona que probablemente lo haría mejor, además debe reconocer que las opiniones de otras personas pueden ser valiosas para llevar adelante la empresa.

Finalmente Pacheco afirma que en esta etapa es fundamental obtener conocimiento estratégico y la unidad organizativa que en su opinión es la parte más difícil de conseguir.

Redacción PAD

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