Una frase que le escuché en varias ocasiones a mi asesor de tesis doctoral fue: la realidad es tozuda; finalmente, se impone. Y esto es lo que me parece ha sucedido una vez más. Ante la afirmación de que el fin de la empresa es la maximización de la rentabilidad para el accionista, se ha impuesto finalmente la realidad de que una organización humana -como es la empresa- no es un objeto sin alma, sino que está compuesta por personas. Y estas personas tienen motivaciones y motivos para actuar o dejar de hacerlo; aprenden a reconocer las intenciones de sus jefes; y finalmente, y quizás lo más relevante, son seres libres con un potencial innato para dar, y darse a los demás.

Por eso, no me extraña que en agosto del año pasado -hace recién 8 meses- 187 CEOs de las empresas líderes de Estados Unidos, reunidos en el Business Roundtable[1], después de reconocer que muchas familias americanas hacen grandes esfuerzos para sobrevivir con el fruto de su trabajo, y que hay grandes diferencias entre los ingresos de sus directivos y el del resto de sus trabajadores, hayan acordado comprometerse a poner como la razón de ser de su empresa el bienestar y desarrollo de sus colaboradores, la satisfacción de sus consumidores y su contribución al entorno que la rodea y a la humanidad.

Después de más de 20 años en los que los principios del Business Roundtable han sostenido que el gobierno corporativo se rige por la maximización de los beneficios para el accionista, esta asociación de CEOs ha decidico sustituir dicho principio por el del propósito de la empresa. Un enfoque del negocio que asegure una prosperidad inclusiva: la empresa, la comunidad y la sociedad.

En concreto, para compartir prosperidad y sostenibilidad entre la empresa y la sociedad, estos CEOs han firmado una declaración comprometiéndose a:

  1. Entregar valor a sus consumidores, atendiendo y excediendo sus expectativas.
  2. Invertir en sus empleados compensándolos adecuadamente, y apoyándolos con entrenamientos y educación.
  3. Ofrecer un trato justo y ético a sus proveedores, como a buenos socios.
  4. Dar un soporte a la comunidad donde trabajen, respetando también el medioambiente.
  5. Generar valor de largo plazo para los accionistas, ofreciéndoles una transparencia en la rendición de cuentas.

Este giro en los principios del gobierno corporativo de las principales empresas americanas va a generar una revolución en la gestión de las empresas, también las locales.  No me cabe duda que en este contexto, el mensaje y la misión que ha tenido el PAD desde su fundación el año 1979 cobrará más relevancia: ayudar a los directivos a tener una visión humana y social de la empresa.

La crisis social que estamos atravesando ocasionada por la pandemia del COVID-19 ha mostrado una vez más la importancia que las empresas tienen en el desarrollo y la sostenibilidad de una sociedad. Sin ellas, caen los puestos de trabajo, que no solo permiten la subsistencia de las familias, sino también el desarrollo de un capital humano y social. Pero, sobre todo, dejan de satisfacerse necesidades, algunas de ellas imprescindibles para el correcto desarrollo humano.

Si conseguimos que también en nuestro sector empresarial se extienda cuanto antes este enfoque más humano y social de la empresa, estoy seguro que los beneficios se van a multiplicar para todos, y muy pronto. Perú es un país con muchas oportunidades, porque es un país con muchas necesidades por satisfacer. Si el sector empresarial se empeña seriamente por satisfacer estas necesidades con un enfoque personalizado, no solo ayudará a muchos compatriotas; también generará más oportunidades, asegurando así la rentabilidad futura del accionista. Los CEOs del país del norte, ya lo vieron…

[1] Business Roundtable es la asociación que reúne a los CEOs de las principales empresas americanas. Desde el año 1978, esta asociación ha establecido los principios que deben regir el gobierno corporativo de las empresas asociadas.

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Alejandro Fontana
Director General

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